miércoles, 10 de diciembre de 2014

Poema de La enagua cuelga de un clavo en la pared de Leonor García Hernando

He tenido el terror de los bichos humildes en la tormenta.
Me mortificó la duda. Me mortificaron los grandes helechos ponzoñosos, los ojos de las modistas, las palabras habladas en la boca de mi madre.
La duda comió de mi corazón como un chino inclinado sobre su arroz cocido.
El deseo vino con un peso de barco que divide las aguas y termina siendo sólo veneno blanco cae en gotas de un raro espesor.
La boca agrandada por el deseo como por trazos de carmín y los ojos agrandados por la lectura.

Eso es todo.

Leonor García Hernando, La enagua cuelga de un clavo en la pared, CILC, 2009.

Bonsai



Fondo frugal, jugo de moras atomizadas por un sueño verde, hoja a hoja se deja leer en un tiempo otro en el que el crecimiento inmediato marca el pulso de lo reverdeciente. No hay caballos negros en este sueño verde, el galope se deja oir en una estética de la desaparición como frontera, mimesis, historia, las semillas regurgitan de las mismas raíces, planean sobre un espacio abierto, dado, originario, su lenguaje arcaico recuerda la cripta de las mujeres y sus niños, dados al amanecer, caída de la luz, vertiente de luna y aguacero, templanza y manantial que se hace fuente, atmósfera elíptica que marca la distancia del sol en el verano. La figura es presente latente, participio activo, mito deseado del amor, y sin embargo qué absurdas sus pequeñas ramitas erosionadas día a día por una raíz que se empeña en crecer.

VP

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