lunes, 23 de noviembre de 2020

Presentación del Libro "Como se lleva a un niño", de Liliana Lukin


Como se lleva a un niño de Liliana Lukin

Por Victoria Palacios

¿Cómo retomar la pregunta sobre la poesía y la experiencia frente a lo ineludible, el fracaso del lenguaje frente a la muerte del ser amado? Liliana Lukin extiende la pregunta en este nuevo libro contra todo desgaste. La música, la intimidad de la voz poética y del cuerpo, temas trabajados por la autora persistentemente en su obra, son retomados en otro tiempo, un movimiento que apunta a la reflexión poética sobre el/los duelos. Conmocionada por la pérdida toma su pluma amorosa, erótica del ser deseante y apunta a la dinámica de las imágenes compartidas para desarmarlas y así, con el carozo todavía verde de los frutos del amor, desarmar lo repetido, extraer lo único e irrepetible de la experiencia poética. El pasado registrado a modo de diario íntimo _y al que nos invita a transitar_ es ahora iluminado por la fuerza de un sujeto poético que posiciona su voz y mirada en un presente de la lectura que es potencia encarnada:

Enero de 2018: “He visto dos veces trabajar a la muerte ante mis ojos:/ la primera en el rostro de mi hermano que se iba/ hacia atrás, adentro, al fondo, sin habla, pura máscara/ de lo que queda todavía./La segunda es mi vida, mi otro en el amado que retira/ su voluntad leve y lentamente, que regresa a sí mismo,/ y como una tormenta en el mar, se va,/cansado avisa que se va./Y así estamos, ella nos canta su canción/ que no escuchamos, y a pedacitos arrancamos/ carne para morder/ de esa turbia melodía”.

Como una invitación a transitar una cinta de moebius, la voz poética inscribe, en este primer poema de Como se lleva a un niño, dos experiencias de duelo en un montaje sobre la cualidad, el sentido y la dinámica de la mirada: «es una `lieson’ entre ambos libros: escrito dos meses antes de que el final de mi compañero sucediera, en marzo de 2018, es un texto que religa ambos mundos, porque ambos mundos son el mismo mundodonde una ‘poética de la experiencia’ habla de la continuidad de los finales (Revista Adynata, 2020).

La voz poética en tránsito, nos conduce a una tensión entre la imagen y la palabra. Un sujeto que mira y que es mirado, escindido, entre un recorrido posible y el campo de lo común: «Desperté con esa frase y él, presente, intacto venía/ hacia mí de negro y azul, flotando desde un fondo/ oscuro y móvil, como en una película que filmara antes/ de despertar o la que vi en la noche,/ hermoso, hermoso, venía a mí, y en esa duermevela dije:/ “adiós, adiós, hasta nunca y me quedé con los ojos abiertos”.

La vacilación entre la expectación atenta en el intento de captar lo irrepetible de la imagen del recuerdo, su fugacidad, el cuidado de sí y un universo que debe discurrir; puede anclarse en el título. Este funciona como un pliegue del libro que encarna el gesto poético autoral bajo una construcción comparativa escindida que se extiende en la cita derridiana, y el homenaje que sostiene la furia de lo innombrable, un “dolor que no tiene tradiciones”, lo que no halla cristalización: “Como se lleva a un niño, llevar su ausencia, mi duelo crecido/ y alimentado mecerlo en brazos, contra el pecho rozarlo,/ rozarlo en el regazo, con cuidado/ hago la vida mientras sé que él se alejará, de espaldas,/ dándose vuelta para mirarme cada tanto, por eso voy/ de nuevo atenta al niño que llevo de la mano”.

Frente a la pregunta que no encuentra respuesta ni referente en el orden del discurso, la voz poética trabaja como potencia, contra el desgaste de la imagen, extrayendo su pigmento, la luz, la nota que se instala como deseo de desear: “Seguir extenuando emociones, masticar/ la pérdida de lo perdido, recrear la verdad/de tu vida, mi vida, sin repetir ni abandonar:/ si hay una fórmula es mi deseo de desear./Ninguna ley me da letra ni motivo, es el cuerpo el que pide más”.

Territorio del duelo (el duelo como territorio), el sujeto se acuerpa en la escisión hasta la extenuación, en la disputa por el sentido que no da aliento, extrae “la lengua amada que en su boca dejó huellas”, de una “intimidad que se derramaba insuficiente, simple, cambiante”, relee “absorta entre la letra y los hechos”, “tuerce y retuerce” los pensamientos, sin redención, enuncia como manifiesto poético: “yo hablo en la lengua para el que futuro está detrás y el pasado delante: en la sintaxis, el concepto, la gramática, esa lengua que no aprendí habla por mí”.

Este desvío del movimiento del tiempo es un impulso de insumisión que hace escuchar “El sonido y la furia” en un campo de prueba. Liliana Lukin trabaja la relación del significante con el cuerpo como una caja de resonancia modulando los alcances de la voz y de los sentidos compartidos, ahora privados, de las huellas que dejó la felicidad en este mundo.

No embellece nada, no adorna, no exagera, con honestidad intelectual respira profundo y vuelve a sumergirse en el instante existencial acontecido para revelarnos la crudeza de la labor poética, y eso se agradece:

“Ninguno de los dos sabía

nada del por venir, y si hubiera sido al revés,

él también estaría mirando mis fotos

dulcemente el resto de su vida”.


domingo, 24 de mayo de 2020

Mane Guantay

CULTURA //// 24.05.2020 Arte y activismo tucumano en el cuerpo de Mane Guantay


 Agencia Paco Urondo entrevistó a la artista y agitadora cultural tucumana que produce y enlaza expresiones colectivas. "No hay una separación entre mi vida doméstica y profesional porque pinto en la mesa donde como". Por Victoria Palacios.

 Mane Guantay es Licenciada de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Tucumán. Artista visual y gestora independiente. Docente e investigadora universitaria. Expone regularmente y es miembro activo del Grupo Intervencionista Tucumán (GIT). Su obra "La Casita" está en la muestra "Para todes, tode" suspendida por la pandemia.

 Agencia Paco Urondo: ¿Qué representaciones sentimentales de nuestra historia quisiste abordar en La Casita? ¿El punto de partida es histórico/metafórico o Universal Conceptual?

Mane Guantay: La obra “La Casita” la realicé para una muestra en la que me invitaron a participar en Jujuy. Paralelamente estaba trabajando con mi grupo, haciendo intervenciones en el espacio público con el tema del aborto. Estaba trabajando con esos temas y participando en festivales feministas. Entonces todo ese material para la muestra en que me invitaron estaba teñido con estos temas. Siempre trabajé en estas temáticas y en personajes mujeres, hago alusión a lo doméstico, a los espacios íntimos y también a ciertos estereotipos que cumplen las mujeres. Aparecen símbolos y signos que utilizo desde las primeras series cuando empecé a pintar profesionalmente en el año 95, en todas hay algún que otro tema que remite a lo femenino. Ya desde el 2000, mi producción está marcadamente atravesada por la mirada de la mujer, poniéndola como protagonista. En “La Casita”, la que aparece de ladrillo, la trabajé en otras obras. La pinté muchas veces y acá la tallé, hice una foto performance, la pinté y la puse en un marco antiguo. La otra imagen que aparece en esa obra, que son dos retratos antiguos, soy yo de espaldas con una camisa ombú, tipo vestido con bolsillos atrás y en esos bolsillos está la casita de ladrillos. El tema del autorretrato lo vengo trabajando mucho también y esa camisa existe, me visto con ella, me saco fotos y luego las paso a dibujos o a pinturas. También la había usado para una intervención en espacio público referida a la mujer trabajadora. Esa obra tiene a su vez un diseño de empapelado que habla de lo íntimo y el espacio doméstico. Yo tengo mi taller en mi casa, y mi casa es mi taller, no hay una separación entre mi vida doméstica y profesional porque pinto en la mesa donde como. Si bien tengo mi taller en el fondo, en todos los lugares de mi casa hay algo que tiene que ver con mi producción. Esa obra también tiene un estante ciego donde hay un portarretratos con una foto mía, de esas mismas que pinté con un pañuelo verde y una mancha que cae a otro retrato. Todo está teñido por la circunstancia que estaba pasando con la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

 APU: ¿Cómo organizás tu trabajo de gestora y de artista?

 M.G.: Soy artista visual, gestora y docente. Son tres actividades que en realidad se mueven dentro del mismo campo y creo que es un lugar privilegiado. También me considero una agitadora de la escena. Esa situación me permite moverme tranquilamente en lo público y lo privado, estoy en íntima relación con el campo de formación, estoy en contacto con alumnos, con futuros profesionales y artistas. He trabajado en museos, en algún momento tuve cargos de gestión rentados. Al mismo tiempo estoy en algunos proyectos colectivos, siempre agitando la escena, tratando de generar cosas, de hacer enlaces con otros proyectos y para mí es algo totalmente natural, no me genera ningún conflicto. Creo que las cosas suceden cuando tienen que suceder, en algún momento participé en salones, en otro vendí en galerías, otras veces sólo ejercí la docencia. Ahora estoy muy abocada al tema del trabajo colectivo.

 APU: ¿Qué relación proponés con el espectador de tu obra?

 M.G.: Lo que quiero establecer con el espectador de mi obra es cercanía. Saber quién compra mi obra, a quién le gusta, quién se siente conmovido, porque no siempre tiene que ver con el gusto sino con algo que se moviliza y genera algún tipo de reflexión. Mucha gente me ha mandado mansajes por distintas vías diciendo “me acuerdo de tal obra y me encantó” o “me hizo acordar a tal cosa”. Hay gente que compró mi obra porque se sintió reflejada en su vida. Ese contacto con quien fue mi espectador me interesa mucho y eso lo traslado al trabajo colectivo que hago. Yo quiero que en todos los proyectos esté el espectador y, según el proyecto, quiero que esa persona después sea parte activa del proceso de la obra en algún caso y del proyecto en otros.

 APU: ¿En qué consiste el trabajo que hacen con el Grupo Intervencionista Tucumán (GIT)?

 MG: El GIT es un grupo del que formo parte con el cual realizamos actividades en dos fechas particulares, el 8 y 24 de marzo. Las actividades del 8 tienen que ver con el contexto en el que nos encontremos de la agenda feminista. El primer año, 2017, trabajamos sobre violencia de género, la violencia machista e hicimos una acción frente a tribunales. Al año siguiente hicimos una acción frente a los edificios culturales donde la idea era tapar la fachada para visibilizar el rol de las mujeres trabajadores, gestoras y artistas en estos espacios institucionales. El año pasado también trabajamos con el tema del aborto legal seguro y gratuito, el título era “clandestino”. Siempre tiene que ver con la agenda feminista, siempre estamos atentos a qué es lo que está sucediendo para realizar esas acciones. Para el 24 de marzo teníamos un proyecto que se llama “Sabías qué” y son señalamientos que hacemos en lugares donde los actuales desaparecidos fueron “chupados” por las fuerzas. Este año, que nos agarró en cuarentena, no pudimos realizar esa acción, pero lo hicimos de forma remota a través de Google Maps. Siempre hacemos nuestra labor en colaboración con organizaciones en festivales feministas. Nos han llamado también para trabajar sobre el acoso callejero. El Museo de la Universidad, con el cual siempre estamos trabajando, también nos ha llamado para colaborar en distintas acciones, incluso para un proyecto que se realizó el año pasado que se llamaba “Nos queremos bien”.

 APU: ¿En qué consisten los proyectos "Cama redonda" y "Contagiamos imágenes" que surgieron de las Cuarencharlas en este contexto de Pandemia?

 MG: Además del GIT también integro la grupa que se llama "Cama redonda, Cama grande", esta iniciativa surge a partir de estos encuentros que se llaman "Para todes, tode" y de las Cuarencharlas que son también una propuesta de red, de compartir experiencias a partir de charlas virtuales que tenemos vía Zoom. Todos los días hay una charla distinta, eso lo pueden seguir en las redes de Cultura viral federal, están todos los videos. A partir de estos cruces es que se generó esta "Cama redonda" primero, con representantes de algunas provincias, que es una grupa transfeminista federal, horizontal. A partir de generar esta grupa de activistas se creó el grupo “Cama redonda, Cama grande” con más de ochenta activistas en el país que estamos llevando a cabo las acciones que denominamos “contagiando imágenes”. Las pueden encontrar en Facebook e Instagram. Ahí van a poder ver todas las imágenes que están circulando a partir de un mapeo de problemáticas que estamos pasando en cuarentena.

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Natalia Iñiguez

Natalia Iñiguez: “Uso la escritura para explicarme a mí misma”


 APU entrevistó a la poeta, gestora cultural y docente de Lengua y Literatura: "Si la experiencia del dolor es irreductible, también aparece en la poesía de muchísimas formas, el físico, lo emocional. Vivir una vida con dolor rompe el binarismo salud - enfermedad".

Por Victoria Palacios. Natalia Iñiguez es poeta, gestora cultural y docente de Lengua y Literatura. Editora en Editorial Mutanta y participante de Mutágenas, Artistas del Conurbano. Autora de los libros Sorbos de locura. Poesía Ilustrada (Milena Caserola, 2008), Una vez escribí todo (Simulcoop, 2015) y Efectos Secundarios (Ausencia editora, 2017).

Agencia Paco Urondo: Desde hace más de una década que sos parte de la escena poética joven, local, feminista, te definís como una poeta feminista del conurbano, ¿quién es Natalia Iñiguez? ¿La bukowskiana? ¿Natalia Veneno? ¿Son elecciones estéticas o la experiencia se impone?

Natalia Iñiguez: ¿Quién soy? No sé. Me he puesto varios nombres a lo largo del tiempo. Nunca me sentí cómoda diciéndome a mí misma escritora, de chica por ahí pensaba que escritores eran otros u otres, también mujeres que publicaban libros o que iban a la facultad. Más o menos cuando terminé el secundario en 2001 descubrí a Bukowski por unos libros de narrativa, ya me gustaba la poesía pero no encontraba poemas de Bukowski en rioplatense, había algunas traducciones al español que decían palabras como “follar” o “polla” y no me gustaban, entonces jugaba un poco a traducir los poemas del inglés al lenguaje que yo conocía. Me puse ese apodo “bukowskiana” para publicar, también porque me daba vergüenza decir mi nombre, también como un juego. Natalia Iñíguez no sonaba artístico. Me pensaba también como piba en ese momento: escribir sobre sexo, alcohol o bares, traducía los poemas y jugaba con lo que tenía ganas de escribir y se hacían unos poemas medio Frankenstein. La escena independiente en ese momento estaba en los ciclos de lectura, en la FLIA y los varones se permitían hablar en su poesía de estos temas y yo no veía que las mujeres lo hicieran. También escribía sobre lo que yo hacía, lo que hacía los fines de semana ¿qué sé yo? Viajaba para ver una banda y nos quedábamos en bares hasta que cerraban, escabiando, fumando, hablando de la vida y eso era lo que hacía aparte de laburar. Escribía sobre lo que sabía básicamente. No era una cuestión de experiencias o de decisión estética, era simplemente eso. Nunca firmé nada como Veneno; pero las redes sociales, el anonimato y esto de no sentirme a gusto diciéndome escritora, permite subir tus cosas sin poner tu nombre y apellido, no tenía ganas de que alguien que me conociera leyera un poema sobre el suicidio, el alcohol o los bares. Juventud no sé si es una palabra que me represente. Acerca de las escenas estoy segura de que hay más de una como hay muchos feminismos, no sé si soy parte de una escena en particular feminista y joven porque creo que es más amplio. El conurbano, más allá de que muchos pataleen con ese concepto… el otro día alguien dijo “no soy del conurbano soy de tal barrio”. Yo soy de Pablo Podestá pero también soy del conurbano, creo que el territorio marca la identidad, como tantos otros factores, haber nacido y vivido lejos del polo cultural que es CABA, de la misma manera que ser parte de Buenos Aires, no estar tan lejos de CABA, todo eso tiene impronta en mi poesía, lo verán otres y también tiene sus consecuencias. Esta escena está en capital y amerita presencia, viajes. Les que somos del conurbano sabemos lo que es viajar y permanecer y estar, ser parte de una escena significa que tenés algún tipo de presencia, que aparecés en lugares, que te invitan.

 APU: ¿Cuál es la identidad que aporta publicar en fanzines? ¿Qué diferencia encontrás en la organización de un libro? Pienso en tu visión de editora además de la de poeta.

 N.I.: Publicar en fanzines es un ejercicio de autonomía, lo puede hacer cualquiera que tenga ganas de publicar. Obviamente tiene que tener acceso a ciertos conocimientos y materiales, pero es muy fácil, de hecho hace muchos años que estoy dando talleres de fanzine en la escuela. Es una herramienta increíble para autopublicarse. La autopublicación y autodistribución autónoma hacen que la obra tenga un bajo costo y que cualquiera la pueda adquirir. He vendido fanzines a uno o dos pesos, un pucho (risas). Hace que esté al alcance de gente que no tiene acceso a un libro de poesía, pero sí en una feria de fanzines, en un recital puede encontrar algo que le guste o algo nuevo que quiera leer. Los fanzines también tienen esto de intercambio. En la editorial Mutanta tenemos una colección que también editamos fanzines. Un fanzine puede ser un libro, lo que editamos lo pensamos como un libro, es el proceso que tendría un libro. Como escritora fui fanzinera siempre, también me han editado. Como editora con editorial Mutanta siempre pensamos en fanzines, venimos de ese lugar. También descubrimos que había un formato que se llama plaqueta, que es del S. XIX para difundir poesía, según su definición tiene 30 páginas y la del libro tiene 48, entonces Mutanta está ahí en el medio, en el límite entre plaqueta y libro. La editorial tiene un catálogo que tiene que ver con la disidencia de todo tipo, territorial porque somos personas que no vivimos en el polo cultural del centro, la disidencia sexual, somos mujeres y partes del colectivo LGBTQ+, esa es nuestra idea. Recuperar esas voces.

 APU: Tu poética parece oscilar entre una ética des-carnada y una política del cuerpo como antitrinchera, ¿cómo trabajás desde la poesía una política del cuidado? ¿Qué experiencias del dolor que aparecen en tu poesía te parecen irreductibles?

 N.I.: Desde que empecé a pensarme como un cuerpo no ajeno a la mente, como un todo, se empezó a colar en la escritura. Hasta ese momento me autopercibía una persona más mental, ni siquiera sentimental: de la mente, del conocimiento y todo ese mambo. Pensaba que todo lo corporal era ajeno. Y eso que, como mujer, he atravesado procesos corporales, la pubertad, he estado embarazada dos veces y los cambios y la experiencia en el cuerpo la seguía viviendo ajena. Hasta que la enfermedad se coló en la escritura de tal forma que no pude sacarla. Se fue mezclando tanto la escritura ahí en el cuerpo: uso la escritura para explicarme a mí misma. Estos procesos y la condición con la que vivo se colaron en la escritura. La idea de la política del cuidado, lo que les demás hacen por el cuidado de nuestro cuerpo, lo que hacemos nosotres con eso, lo que hacemos para cuidarnos y nos sirve, poner en el centro la idea de una experiencia vivible y no otra cosa, no es posible pensarlo por fuera de la política del cuidado. También posicionarme como mujer, como hija, madre, nieta y cuidadora. A quiénes cuidamos, quiénes nos cuidan, no puede estar por fuera de lo que escribo, es lo que hago para explicarme. Si la experiencia del dolor es irreductible también aparece en la poesía de muchísimas formas, el físico, lo emocional. Vivir una vida con dolor rompe el binarismo salud - enfermedad y mi condición discute con ese problema viejísimo que es el cuerpo contra la mente y no podía no ponerlo en mi poesía, porque es parte de mi identidad.

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Francisco Paco Urondo

Pasar al contenido principal CULTURA //// 17.06.2018 Carta Abierta de Francisco Paco Urondo Una relectura del poema Carta Abierta como homenaje al poeta que da nombre a nuestra Agencia. Por Victoria Palacios. Facebook Twitter WhatsApp Telegram Compartir Por Victoria Palacios Hay poemas de Paco Urondo que se prestan para ser leídos cuando recorremos un ajuste de cuentas con la experiencia. Entonces los pliegues de sus estructuras rebasan los significantes para dotarlos de un nuevo valor. El poema “Carta Abierta” en Del Otro Lado (1) se desliza en esa frontera entre lo público y lo privado, en la que podemos observar el entramado amoroso de una intimidad que al asumirse como revolucionaria se despoja de lo poético accesorio y que, en el poema se ve como una eliminación del adorno para hacer brillar a un sujeto resplandeciente, faro del amor y la poesía: “...Por eso pienso que algo está por ocurrir; algo que era nuestro ha muerto; algo que es nuestro, va a morir; va a ocurrir: la nueva vida que recién comienza va a ocurrir; el sentimiento que no ha empezado, va a ocurrir, las ganas están por ocurrir...” IMG 20180615 162411 633 El movimiento del poema entre la capitulación o recapitulación en términos conversacionales, o entre la oda y la elegía, como graznidos de la realidad y en esto abre una definición del género, hace crepitar lo que el sujeto poético plantea como “pública confesión”. Una teoría intensa de la intimidad y del amor, en la que se mueve nuestro Urondo, entendida como poesía y experiencia, la palabra “abierta” hace eco, rebota, se refleja con aquel verso que tanto ha dado de escribir como “estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra...”. Teoría de la acción que quiere compartir, porque seca y quieta corrompe. En contra de toda neurosis, alcanza una escritura herida de muerte, lejos, distante de toda tierra firme y segura: “Una reunión para despedazarnos en las orillas del amor”, y reformula esta carta como un ajuste de cuentas o memoria, un pasaje en el que destinatario entra irónicamente en el pasado, para abrir un nueva vida, un nuevo calor en el que la decisión es pura intensidad; despedida o invitación, dialéctica forzosa que define el horizonte de la vida por el acto de vivir: Nuestra fidelidad, nuestra virginidad, no tienen importancia comparadas con el tiempo perdido, el que juntos hemos olvidado; el tiempo que nunca supimos ganar. Caricias infieles que nunca te alcanzaron, extraviándose para que mi mano fuera precisamente infiel: como un perro también lameré tu mano virgen; como un animal virgen, nunca podré perdonarte el daño que me has hecho, que has dejado hacer; aquello que nunca llegaste a conformar: una sombra merodeando cada fisura, buscando deslizarse y tomar vida y permanecer. Como una coartada para evitar el “arte poética”, este poema junto a “Solicitada”, conforman un sortilegio para dar en el blanco de la poesía, aquello que la resuelve como un lugar de transición, en la espesura de la intimidad y la arrolladora experiencia del compromiso político. *** (1) Urondo, Francisco, “Del otro lado”. Obra poética. Cella, Susana (Pról.). Buenos Aires: Adriana Hidalgo, pp. 209-299. PERIODISMO FRANCISCO "PACO" URONDO Facebook Twitter WhatsApp Telegram Compartir RELACIONADAS Dossier Fractura: Días de tinta y ron Podcast | Carlos Ulanovsky: “Es inútil buscarle algo negativo al periodismo militante” El periodismo patrullero Lester Bangs: El Cajón y la pluma Colectivo de Comunicación Paco Urondo 2005-2020 Para comunicarte con la redacción de APU escribinos a agenciapacourondo@gmail.com Suscribirse Email Address * Los contenidos de este sitio están sujetos a una licencia Creative Commons Diseño y desarrollo > gcoop. Cooperativa de Software Libre

Jimena Schere

Pasar al contenido principal CULTURA //// 07.01.2017 Jimena Schere: “Mi idea era construir una memoria tragicómica de la experiencia histórica de 2001” En diálogo con la autora AGENCIA PACO URONDO habló de los distintos matices y tonos que trabajó en su primera novela, Gorgona, para poder indagar en el pasado reciente. Facebook Twitter WhatsApp Telegram Compartir Por Victoria Palacios APU: ¿Podríamos decir que para vos la literatura argentina tiene siempre un fondo de comicidad, que siempre hay algo cómico, popular, relacionado con esto? JS: Por lo menos la literatura que a mí me interesa; si no tiene una veta de humor, casi no me interesa, es como si en un punto hubiese algo de parcialidad que se está encubriendo bajo una pretendida solemnidad, como si le faltara algo. Gorgona tiene una continuidad en el uso del humor con el libro Una antología de la literatura argentina de María Schereschevsky (seudónimo). Son caminos diferentes para un planteo semejante en el uso de la parodia y la sátira. En la Una antología… el uso del humor está ligado con el desparpajo, una ruptura extrema, paródica, satírica. Y Gorgona tiene un humor mucho más amargo, más sombrío, más tragicómico, que tiene que ver con la temática, con la realidad experiencial que vivíamos todos en ese momento, que fue muy traumático. Es decir que toda la vena cómica está ahí presente, pero era una realidad que no dejaba de ser traumática. Había un vacío de inserción laboral para una generación que se encontraba destrozada. APU: En la contratapa de Gorgona, de Alejandro Rubio, aparece esa recepción, que es llamativa: cómo la lectura de este libro “cambió” al ser editado en 2016, qué diferente hubiese sido su lectura en 2015... JS: Claro, porque hay cierta realidad que se reitera a partir del año pasado. Es un libro que yo empecé a escribir en 2003, de manera cercana a la crisis... Y siempre tuve presente que estas cosas tienen la posibilidad de repetirse. Mi idea era construir una memoria tragicómica de la experiencia histórica de 2001, siempre desde la literatura (no es un libro testimonial), desde la construcción de los personajes, porque es una experiencia clave en nuestra historia reciente. APU: ¿Cuáles fueron los materiales con los que trabajaste? JS: Estaba en una especie de vorágine de consumo de la información, tenía una especie de archivo, y era una realidad que superaba tanto las posibilidades de asimilarla que recopilaba las noticias del descalabro... APU: Eso se puede ver desde la construcción de los personajes... JS: Sí, en un momento uno de los personajes pone en escena eso, cierta fascinación por el derrumbe. Es un personaje que entronca con una tradición, con la estética del fracaso, un masoquista moral. Entronca con Roberto Arlt, Cambaceres, con personajes del tango, tiene una veta autodenigratoria, es también muy jauretcheano. El libro está lleno de alusiones. A diferencia del otro [Una antología de la literatura argentina, 2000], que es parodia explícita, éste está lleno de alusiones, de diálogos con autores, pero ese aspecto está incorporado de una manera más sutil, por eso, por ejemplo, está este tipo, Sergio Soto, que tiene una visión escatológica de sí mismo, del país, el “país de mierda”, y eso es de Jauretche; es un personaje aislado, autodenigrado, y en esa combinatoria con los otros personajes se puede ver que él es parte de ese contexto, de ese país que se derrumba. Pero es un personaje que no termina de ver que él es parte de ese derrumbe colectivo y responsabiliza de todo ese fracaso a su propia limitación. APU: ¿Y la mujer cómo funciona ahí? JS: La mujer, Ángela, es un par tragicómico. El par cómico es una estructura muy antigua que para mí es muy interesante para el humor, que explota las oposiciones y los antagonismos. Es decir, son personajes que tienen aspectos antagónicos, respuestas diversas para ciertas cuestiones personales, y ciertas cuestiones de la crisis y del país, la crisis que sufren en varios planos, y ese contraste genera cierta comicidad. APU: Este es un libro accesible... JS: Sí, es un libro experimental, de narrativa no convencional, y a la vez accesible. La literatura tiene la posibilidad de construir memoria, en un momento como el actual, en el que hay un debilitamiento de la memoria, patente y nocivo para nuestro presente y futuro inmediato. Esa experiencia traumática y destructiva que vivimos en 2001 en su momento me interpeló para escribir, ¿cómo no ocuparse de eso? ¿Y cómo ocuparse de eso desde la literatura? Con las posibilidades de la experimentación. Porque cuando la narrativa es mero contenido, mera anécdota, mero relato pierde fuerza expresiva, esa posibilidad formal perturbadora, esa posibilidad estética que la diferencia de un simple relato periodístico o de la literatura comercial, un producto industrializado, a veces muy bien hecho, pero que no toca nada que pueda angustiar o descolocar, descolocar las formas y los contenidos, despabilar la conciencia, literatura conservadora en todos los planos. La gente lee –no es que no lea–, lo que pasa es que termina consumiendo todos estos productos culturales que además son funcionales a ciertas fuerzas políticas conservadoras, productos que tienen difusión en los grandes medios, premios, una importante circulación dada por las grandes editoriales, que además son multinacionales. Entonces uno piensa cómo hacer una narrativa que trastoque los contenidos y las formas. Pero ese camino puede llevar a una literatura muy sofisticada y caer en cierta forma de elitismo; eso te genera cierto conflicto, porque la verdad es que la batalla cultural la venimos perdiendo y así le dejamos todo el terreno a la literatura mercantilizada. Un desafío entonces que se me presentó con este libro era hacer una narrativa que se hiciera cargo de nuestra realidad política desde la experimentación, pero sin quedar encerrada en la incomunicación y el aislamiento al que pueden conducir las formas experimentales. APU: ¿Cuál es la imagen que estuvo funcionando en la estructura de la novela? Por momentos parece como un mapa con su centro y sus periferias. JS: Tiene una mirada de panóptico que por momentos va mostrando distintas realidades que están atravesadas por una experiencia colectiva. La técnica del panóptico sugiere que cuando una experiencia afecta a todos, la salvación no puede ser individual. Cuando realmente la destrucción alcanza a todos, la salida tiene que ser colectiva. De hecho, ni los personajes saben de su propio aislamiento; la reconstrucción de una mirada colectiva tiene que ver con esa mirada panóptica. Y con la sensación de que el peligro del fracaso colectivo está latente, que esa Gorgona que paraliza y destruye es una amenaza constante, que amenaza la posibilidad de construir una vida con dignidad para el conjunto, con dignidad laboral; es una lucha constante que en estos países, en Latinoamérica, va a estar por siempre. Porque los sectores concentrados, la desigualdad económica que nos caracteriza, es una amenaza permanente para nosotros. Y ese orden injusto tiene también una dimensión cultural, una producción cultural que le resulta funcional. Además, tenemos una clase media que se caracteriza por altos niveles de alienación, de enajenación. Volvemos al tema de la batalla cultural y de la necesidad de generar formas de literatura no alienadas. Jimena Schere es doctora en Letras, docente (UBA, UNAJ) e investigadora del CONICET. Además de Gorgona (Paradiso, 2016), ha publicado el libro de narrativa Una antología de la literatura argentina (Groussac, 2000) y numerosos artículos de investigación en libros colectivos y revistas especializadas de la Argentina y del exterior. Tradujo Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona de Sófocles (con introducción y notas, Colihue, 2008) y prepara la publicación de El par cómico: un estudio sobre la persuasión cómica en la obra temprana de Aristófanes. LITERATURA NOVELA Facebook Twitter WhatsApp Telegram Compartir RELACIONADAS De los condimentos para cocinar un “Alto guiso” Sade y los nombres CONABIP: “Dimos en la tecla de algo que va a permanecer más allá de nosotros” Podcast | Sergio Olguín: “Creo que no hay mucha diferencia entre la cabeza de una mujer y la de un hombre” Colectivo de Comunicación Paco Urondo 2005-2020 Para comunicarte con la redacción de APU escribinos a agenciapacourondo@gmail.com Suscribirse Email Address * Los contenidos de este sitio están sujetos a una licencia Creative Commons Diseño y desarrollo > gcoop. Cooperativa de Software Libre

David Cronenberg

Pasar al contenido principal CULTURA //// 13.08.2016 La adicción al sexo en Crash, de David Cronenberg Recordamos los motivos pornográficos de una de las película más taquilleras de David Cronenberg, uno de los exponentes más importantes de “la nueva carne”, género que pivotea entre el horror corporal y el conceptual. Facebook Twitter WhatsApp Telegram Compartir Por Victoria Palacios Si la pornografía exacerba la destreza sexual de los personajes, el número y la duración de los orgasmos, así como la variedad de los actos sexuales; "Crash" nos habla de una sexualidad siempre insatisfecha a través de la parodia de los motivos pornográficos mencionados. El sexo es mórbido, precoz y sádico. El comienzo de la película nos anticipa sobre el tipo de búsqueda que va a funcionar como móvil del relato. Un rubia hitchcockiana se encuentra en un hangar privado masturbándose con un aeroplano. Un hombre al que no la ve la toma por detrás. A continuación vemos a James Ballard en un acto sexual con una camarógrafa. En ambas escenas, se combinan, de manera airosa, los tópicos desarrollados por Cronenberg a lo largo de su carrera: Carne (cuerpo) y metal (tecnología). Estos encuentros, por otra parte “accidentales”, son motivo de satisfacción de la pareja (James y Catherine), que aparece en la tercera escena narrándose tales experiencias. James también la toma por detrás, y le pregunta: “¿Te viniste?”. Sus palabras: “Quizá la próxima vez”, condensan la imposibilidad de alcanzar el goce que guiará el relato hasta el final del filme que concluirá con la misma frase. El material erótico es utilizado no sólo para estimular sexualmente al espectador, sino también, para provocar una dislocación en su percepción de la realidad. Esta es la lectura que se sigue haciendo después de la irrupción de “La imaginación pornográfica” de Susan Sontag, donde elabora los convencionalismos del género. Para esta autora, la imaginación pornográfica prefiere, por su propia naturaleza, los estereotipos en materia de personajes, escenario y acción. Como se configura como un teatro de tipos, y no de individuos; una parodia del género, si aspirase a tener auténtica eficacia, seguiría siendo pornográfica. El carácter sadeano de esta búsqueda, es el tema desarrollado, insistentemente, en cada nueva experiencia que tiene la pareja protagonista. Sumado a esta repetición, aunque esta es cada vez más densa en cuanto a las experiencias vivenciadas, tanto los acontecimientos, como los personajes, adquieren caracteres singulares. Esta diferencia, en cuanto al uso paródico que hace Cronenberg de los motivos pornográficos, se debe a la intención de encontrar una representación para el tema de la sacralidad del sexo entendido como espacio de transformación del individuo y de la especie. El acontecimiento atípico, “anormal”, el choque de autos, motivo central que rige el argumento, le permite a Cronenberg, volver a utilizar la metáfora de la enfermedad como la antítesis del control racional, y desmesurado, sobre lo cuerpos por parte de la ciencia. Para esto, establece un parangón entre los autos destruidos por los choques, y los cuerpos deformados por los accidentes. La relación entre la pareja y la cofradía de “chocados”, cuyo mentor y maestro es Voughan, se inicia a partir de este hecho. A lo largo del relato, las experiencias vividas por el grupo van a tornarse cada vez más peligrosas, llevando a los personajes a sufrir estruendosas transformaciones físicas, en el intento por captar, y por detener, el instante en que se producen tales modificaciones que funcionarían como pasajes anticipatorios entre la vida y la muerte. En este sentido, el acto sexual encuentra su representación más acabada. Lejos de configurar una imagen esterotipada, que sea captada sensiblemente a partir de su relación inmediata con los modelos canónicos; el sexo, se muestra como un acontecimiento que irrumpe en la idea de la continuidad del sujeto. Crisis que es una violencia significativa de muerte siguiendo a Bataille en su Erotismo. En este sentido, el que se entrega al acto sexual disfrutaría de la pérdida instantánea de su conciencia individual. La idea de accidente otorga a Cronenberg el material asequible para realizar una crítica a la idea de relato progresivo, y consecuentemente al sueño americano. Para lograr esta crítica, utiliza en el montaje, la técnica cut-up, desplegada por Burroughs en su Almuerzo desnudo, y que a apartir de su adaptación, Cronenberg desplegará en todos sus filmes con el fin de fracturar la idea del tiempo lineal. Este es el sentido, de la funcionalidad disruptiva de la fotografías de los accidentes realizada por Voughan. Y, asimismo, es la escenificación del tema que rige el filme: las fotografías son proyecto y residuo de este instante que se presenta como acontecimiento que interviene en la idea de la continuidad del sujeto. En la quinta escena, James y Helen se chocan con los autos. La cámara acentúa la fragmentación que provoca el accidente deteniéndose en las cicatrices. La mujer tiene un orgasmo y muestra un seno. El carácter fetichista de esta toma fotográfica será revelado en el encuentro posterior con Voughan. A su vez, la relación con el goce está acentuada por la satisfacción que provocan las heridas de James a Catherine. El choque provoca un cambio en la percepción de los protagonistas. James se transforma en un Voyeur del tránsito que se define como un tráfico de autos y de personas, con una carga semántica eminentemente orgiástica. Sin embargo, en el interior de esta circulación sexual indiscriminada, Catherine adquiere características singulares. A diferencia de la víctimas atónitas de la pornografía, Catherine se inicia en el misterio de la pérdida del yo. Pero esta trascendencia de la personalidad, se da siempre en el marco de las experiencias sexuales, objetos de satifacción de la pareja central, unidad que la pornografía, también repudia. Desde el inicio de la película, Catherine se identifica con todos los otros personajes(Helen, Voughan y Gabrielle) que tienen accidentes sexuales con James. Esta es la razón de la repetición de cada acto sexual, por la pareja protagonista, hasta culminar en el encuentro iniciático entre Voughan y Catherine con James como voyeur. A su vez, esta escena, constituye la repetición del triángulo amoroso, conformado por James, Voughan y la prostituta. Después de la muerte de Seaugrave, provocada por su representación del accidente de Jane Mansfield, sucede el acto sexual entre Catherine y Voughan en el lavadero de autos, que culmina ahora con la iniciación de la mujer. James funciona otra vez como voyeur. El acto es necesariamente violento porque condensa, y concluye, el hilo argumentativo urdido con relación al tópico del eros y la muerte. Y, en consecuencia, esta es la finalidad conceptual que tiene el registro visual reiterativo de las cicatrices, con su respectiva carga erótica, y la acción brutal de Voughan, hasta provocar cortes y heridas, sobre el cuerpo gélido de Catherine. Es innegable pensar que la anticipación teórica de las escenas extremas mencionadas, se da en la escena en que James y Voughan se muestran fotografías de accidentes automovilísticos de personas famosas. Voughan declara que siempre quiso manejar un auto con historia, y anuncia la búsqueda que funciona como trasfondo de los accidentes provocado: “Ese es el futuro. Y, ya eres parte de él. Comienzas a ver que por primera vez hay una psicopatología benévola que nos atrae, por ejemplo el accidente automovilístico es algo fertilizante, no destructivo,una liberación de energía sexual. Transmite la sexualidad de aquellos que han muerto con una intensidad imposible de lograr mediante otra forma. Vivir eso, experimentarlo, ese es mi proyecto.” La liberación de energía provocada por la muerte de Seaugrave, es la que genera el estado perturbado de Catherine, y el estado perturbador de Voughan. A su vez, la muerte de Voughan representa el fin último a alcanzar mediante el aprendizaje e inicia un nuevo “tráfico” sexual. Es importante destacar, que en la escena anterior a la muerte de Voughan, se concreta el acto homoerótico entre Voughan y James, en el que los roles de ambos se invierten. Así, Voughan antes de su muerte, también muestra un estado de vaciamiento de su personalidad. En relación con lo antedicho, la última escena nos muestra a la pareja central representando al accidente final. Pero, en forma disonante con respecto al aprendizaje de los “chocados”, no mueren. La eficacia de esta condensación visual, tienen la función de reiterar el concepto central que moviliza al filme. El ansia de transformación y muerte que rige el deseo sexual, y su imposibilidad de culminación. CINE DAVID CRONENBERG Facebook Twitter WhatsApp Telegram Compartir RELACIONADAS Pablo Torello: aparecer al interior de la memoria César Sodero: “Al escribir hay algo que te va llevando a mirar el otro lado de lo real” Dossier Fractura: Cine Gonzo, docu-ficción Mujeres y Malvinas: “Es tiempo de que el país salde la enorme deuda que tiene con ellas” Colectivo de Comunicación Paco Urondo 2005-2020 Para comunicarte con la redacción de APU escribinos a agenciapacourondo@gmail.com Suscribirse Email Address * Los contenidos de este sitio están sujetos a una licencia Creative Commons Diseño y desarrollo > gcoop. Cooperativa de Software Libre

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