Contrajo sus alas en un mismo
impulso del aliento, giro en elipsis hacia arriba rompiendo
insatisfacciones medias tintas con la misma velocidad en que se rompe
un jarrón, así el aire se dividió en dos orillas infinitas y
filosas. No es posible respirar con suavidad de este lado chimanguito
amigo, acompañame, quiero verte en esta turbulencia que de vez en
cuando me hace feliz. Aquí donde se sueña con lo fugitivo aún, con
lo que se capta al abrir los ojos por primera vez, el exceso del
florecimiento, el vacío que dejan las máscaras cuando se cuelgan en
la casa vieja. El diálogo aún puede retomarse cuando dejamos que
las palabras sean más que burbujas sueltas que comprueban lo que
pensamos. Al fin el pensamiento es una ilusión oscura que cansa la
mente, refugio de paisajes chiquitos que suaves acarician nuestros
sentidos, pueblo que reúne en una misma canción la intención del
amor. Sé de tus pesadillas compartidas, vi las aves carroñeras,
están lechuceando todo el día, se llenan de chillidos espantosos y
se reflejan bellas en los espejos hechizados de la estupidez, no
saben nada de la ternura de la piel, del ritmo sincero de las
copleras, fanáticas se mueven en los círculos de la crueldad, en el
centro de sus elecciones condescendientes anida la comodidad, y
absorven la sustancia de la inocencia para no envejecer. La noche es
siempre negra en sus destinos repetitivos, se parecen tanto. Miran
raro frente a tus colores atigrados, no saben nada de la belleza, se
rejuntan y se festejan como partidarias del mismo vuelo sólo para
devorarse lo que nace en el mismo instante de su condensación, antes
de que tomen forma genuina. Obsecuentes, adulan como pájaros de mal
agüero para comer mejor.
sábado, 2 de marzo de 2013
Oriah el soñador de la Montaña
Invitación:
No me interesa lo que hagas para vivir.
Quiero saber lo que ansias, y si osas soñar con lo que desea tu corazón.
No me importa la edad que tengas.
Quiero saber si te arriesgas buscando como un loco el amor, los sueños, la aventura de estar vivo.
No me interesa saber qué planetas cuadran tu luna.
Quiero saber si has tocado el corazón de tu propio dolor, si te han abierto las traiciones de la vida o si te has contraído y cerrado de miedo a más dolor.
Quiero saber si te puedes sentar con el dolor, el mío o el tuyo sin moverte para esconderlo o apagarlo o conciliarlo.
Quiero saber si puedes estar con alegría, mía o tuya; si puedes bailar con desenfreno y dejar que el éxtasis te llegue a la yema de los dedos sin precaverte a ser cuidadoso, realista o a recordar las limitaciones del ser humano.
No me importa si lo que me cuentas es verdad.
Quiero saber si puedes desilusionar a alguien siendo fiel a ti mismo; si puedes soportar la acusación de traición sin traicionar tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y, por tanto, digno de confianza.
Quiero saber si puedes ver la belleza aunque no sea bonita cada día, y si puedes ver el origen de tu vida a partir de la presencia de Dios.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y ponerte a orillas de un lago y gritarle a la luna plateada: «¡Sí!»
No me importa dónde vivas o cuánto dinero tengas.
Quiero saber si después de la noche del dolor y la desesperación, abatido y magullado hasta el tuétano, puedes levantarte y ocuparte de las necesidades de los niños.
No me interesa quién eres, ni cómo llegaste aquí.
Quiero saber si te quedarás conmigo en medio del fuego y no escaparás.
No me interesa qué o dónde o con quién has estudiado.
Quiero saber qué te sostiene por dentro cuando se derrumba todo lo demás.
Yo quiero saber si puedes estar solo contigo mismo; y si realmente te gusta la compañía que tienes en los momentos vacíos.
La invitación, inspirado por Oriah el Soñador de la Montaña, anciano nativo americano, mayo de 1994.
Del muro de: Mujeres de Milagros.
No me interesa lo que hagas para vivir.
Quiero saber lo que ansias, y si osas soñar con lo que desea tu corazón.
No me importa la edad que tengas.
Quiero saber si te arriesgas buscando como un loco el amor, los sueños, la aventura de estar vivo.
No me interesa saber qué planetas cuadran tu luna.
Quiero saber si has tocado el corazón de tu propio dolor, si te han abierto las traiciones de la vida o si te has contraído y cerrado de miedo a más dolor.
Quiero saber si te puedes sentar con el dolor, el mío o el tuyo sin moverte para esconderlo o apagarlo o conciliarlo.
Quiero saber si puedes estar con alegría, mía o tuya; si puedes bailar con desenfreno y dejar que el éxtasis te llegue a la yema de los dedos sin precaverte a ser cuidadoso, realista o a recordar las limitaciones del ser humano.
No me importa si lo que me cuentas es verdad.
Quiero saber si puedes desilusionar a alguien siendo fiel a ti mismo; si puedes soportar la acusación de traición sin traicionar tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y, por tanto, digno de confianza.
Quiero saber si puedes ver la belleza aunque no sea bonita cada día, y si puedes ver el origen de tu vida a partir de la presencia de Dios.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y ponerte a orillas de un lago y gritarle a la luna plateada: «¡Sí!»
No me importa dónde vivas o cuánto dinero tengas.
Quiero saber si después de la noche del dolor y la desesperación, abatido y magullado hasta el tuétano, puedes levantarte y ocuparte de las necesidades de los niños.
No me interesa quién eres, ni cómo llegaste aquí.
Quiero saber si te quedarás conmigo en medio del fuego y no escaparás.
No me interesa qué o dónde o con quién has estudiado.
Quiero saber qué te sostiene por dentro cuando se derrumba todo lo demás.
Yo quiero saber si puedes estar solo contigo mismo; y si realmente te gusta la compañía que tienes en los momentos vacíos.
La invitación, inspirado por Oriah el Soñador de la Montaña, anciano nativo americano, mayo de 1994.
Del muro de: Mujeres de Milagros.
En nuestras Taytas y Mamas está la sabiduría
Debería continuar con la serie "Ojo de Agua" pero como me encantan los meandros, arroyos y afluentes, intercalo esto que encontré por ahí:
EN NUESTROS TAYTAS Y MAMAS ESTA LA SABIDURIA
En el correr de sus años, evidencian las arrugas los cabellos blancos, pero mas profundo que eso es la gran sabiduría que hay en ellos, los pueblos ancestrales, llevamos aun la convicción de pedir concejo a nuestros abuelos para el accionar de nuestras vidas.
Ellos son más que un libro costoso de la mejor editorial que se pueda conocer… ellos nos enseñan con más profundidad que las aulas universitarias, y jamás, jamás reclaman derechos de autor, enseñan con amor y paciencia al mismo tiempo con firmeza…” LOS RUNAS NO SOMOS BLANDENGUES” dicen siempre.
Nos enseñan a ser justos con nuestro AYLLU, a convivir en armonía con la pachamama a trabajar en minka, en este NUEVO TIEMPO, son ellos quienes guiaran los caminos hacia la igualdad, armonía y reciprocidad verdadera.
martes, 25 de diciembre de 2012
Ojo de agua I
Ojo
de Agua
Escribí
a Marsella, a la flecha, hilo negro, que hace del mar la boca negra
del mundo, y por ahí caminamos con los ojos concentrados en la
pérdida de color, rojo oxidado de la espesura, brillo de la cuerda
que saltó cuando gritamos “no nos roben los ojos de agua” por su
inarmónico acorde desigual, puente que deshoja a cada paso una
página escrita de duelo, contrabando y tránsito, ahí en el punto
calvario donde la mismidad se hace ajena y lo extraño nos clava la
punta de las vides derramadas en la fisura del esternón, por su
canción mal pronunciada, por los paneles obscenos de producción y
las manos bajo tierra buscando un ancla que sacuda los frutos pueblo
abajo antes del amanecer.
Escribí
en Venecia y sus calles flotantes, su olor putrefacto, sus hablas
incomprensibles y su vocación de suicidio angosto, subiendo museos
baratos para ver todo el ahogo caer en canaletas perdidas, barro
deshaciéndose al magma original en un remolino tan oscuro que
arrastraba en su elipsis la triste permanencia del iris del calor de
agosto y la certeza de que tierra firme es un enunciado cruel poco
factible de percibir frente a las hendijas que te conducen al viejo
gueto y su vida cotidiana grabada en el presente de lo velado, aquí
y allá, el que pronuncia y lleva la endecha no siempre es el mismo, aún cuando sólo iluminen ojos de noche podemos volver a dormir y
soñar con desprender los excrementos de palomas pegadas a los
edificios viejos.
Escribí
sobre las rocas de Cadaqués, desangrando mis rodillas en un acto
de insumisión a la belleza: el hambre de mi niñez no me habló de
su blancura destellante, de la lejanía, milenios bajo tierra, de los
fósiles genuinos, esos que pintan el rostro de necesidad y del
paladar, el gran hoyo del mundo, estado, condición intacta, luminal, que merece ser encontrado rostro a rostro absorbiendo elixires
bacanales de lenguaje, materialidad tuya y mía, al compás del
aliento y la respiración abriendo los poros y desprendiendo esporas
viejas para, en un acto de desnudez, recorrer la variación del cielo
en la bahía y contrastar, en un mismo suspiro, nuestras manchas
epidérmicas, no de siglos sino de unos pocos años de mirada
extraviada que contamina cada hálito, inmediatez del amor, ese que
rodeaba las trincheras familiares creadas como refugio frente a la
exhumación de los muertos de aluminé, ruta de neblina, febril como
el atardecer del volcán en espejo cromático con lo disperso que cruje, ramas caídas, semillas de araucaria minúsculas como la escucha íntima del ojo de agua que murmura tenazmente en cada lado de la frontera, cualquier charco de agua no es un ojo, bajo la nieve, los escombros, en cada pisada de hondura deja su huella para que retumbe del otro lado, y llegue a vos,
chimango atigrado, destello, sol negro, aparecido en cada comunicación voraz que sacude lo establecido para vibrar en la fibra sanguínea, somática, nerviosa, medular y apuntalar el vuelo procaz. Esa que
dice “escribí” como un acto reflejo que sacude lo admirado para
volver a empezar.
jueves, 13 de diciembre de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
Entornar los ojos,
doblar las membranas coleccionadas:
lo pardo, lo redondo, lo estriado.
Separar los pétalos,
intervenir en sus pigmentos,
operar en sus formas,
desparramar:
Las plantas de la luna y sus delicados tentáculos,
ese perfume y ese color son del submundo, no del cielo,
vienen del fuego excéntrico
donde las mariposas negras, de muchísimas alas,
se deslizan en una marabunta
Hondonada
y yo con mi herida abstracta:
NO HAY CONSUELO PARA LAS GRIETAS
PSÍQUICAS DEL BOSQUE.
Victoria Palacios, "membranas", en Turbantes(inédito).
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En el siguiente enlace se puede leer mi ponencia "Experiencia y pobreza en La Partera Canta de Arturo Carrera ” llevada a cabo en e...
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El bosque de Pitra en www.agenciapacourondo.com.ar por Inés Busquets

